CatDog: la muerte de Perro

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CatDog fue una exitosa serie de Nickelodeon. Muchos recuerdan a Perro y Gato, dos hermanos que compartían el mismo cuerpo (cada uno era una mitad). Pero… ¿por qué acabó la serie?, ¿cuál fue en verdad el último episodio? Cuentan que el creador abandonó la serie cuando asesinaron a su hijo, y que plasmó su desesperación y dolor en el prohibido y macabro último episodio, que aquí contamos…

CatDog fue una de las más famosas series animadas de Nickelodeon. Muchos todavía recordamos al refinado, limpio e inteligente Gato, y al alegre, imprudente y fiel Perro, ambos siempre juntos, desde su nacimiento, compartiendo el mismo cuerpo. Sin embargo, después del último episodio que salió al aire el 15 de junio del 2005, los entretenidos hermanos desaparecieron de las pantallas, dejando uno de esos vacíos que usualmente llenamos de nostalgia… Pero: ¿fue realmente el último episodio aquel que nos mostraron el 15 de junio del 2005?, ¿por qué la serie acabó súbitamente si tenía tanto éxito?…

Cuentan que el verdadero último episodio de CatDog nunca se mostró en televisión, ya que estaba marcado por la muerte, el sufrimiento y la desgracia, y ello a causa de ser un reflejo de la tragedia personal que cayó sobre el creador de la serie, sumiéndolo en una profunda depresión que lo incapacitó emocionalmente para poder continuar haciendo más episodios de CatDog.

¿Cuál fue el suceso que tanto marcó al creador de CatDog, el hecho que lo hizo caer en un fuerte y terrible estado de perturbación psicológica? Fue la muerte de su único hijo, al cual secuestraron y asesinaron de una forma tan brutal que él prefirió no dar detalles. Después de eso, el pobre hombre decidió desahogarse con sus criaturas de ficción, creando el último episodio de CatDog, donde se cuenta la siguiente historia:

Como tantas otras veces, Gato estaba harto de la hiperactividad fastidiosa e insensata de Perro. Sin embargo, esta vez se encontraba demasiado susceptible, irritable y turbado por sus propios problemas; así que, cuando Perro vino a molestarlo, perdió el control, tomó una llave (de las que sirven para aflojar o apretar tuercas) y lo golpeó en la parte izquierda de la cabeza, abriéndosela: Perro lanzó un alarido de dolor, pero él volvió a golpearlo iracundamente con la llave, una y otra vez, sin apiadarse de sus gritos, cada vez más teñidos de llanto y desesperación…

Cuando terminó su horrendo crimen, Gato miró al cadáver de Perro, que ahora tenía todo el cráneo destrozado y yacía pegado a él, como una masa sanguinolenta. “¡Perro, Perro, qué he hecho!”, dijo Gato, antes de empezar a llorar desconsoladamente, sujetando con ternura la cabeza quebrada y de mirada vacía e inerte de su hermano.

Ya era demasiado tarde para enmendarse, y Gato no estaba en sus cabales como para entregarse a la Justicia. Tenía que inventar una historia y encontrar alguien a quien culpar por su crimen. ¡El deshuesadero! ¡Esa era la solución! Sí: treparía al camión de basura, destrozaría el cadáver de perro, esperaría a caer en el deshuesadero donde trabajaba el Conejo Rancio, empezaría a gritar en el deshuesadero, saldría corriendo con Perro destrozado, y acusaría al Conejo Rancio de asesinar a su hermano…

Parecía que nada iba a salir mal, de modo que Gato corrió tras el camión de basura, ladrando para dar la impresión de que era Perro el que corría, sin importar que fuera marcha atrás ya que de Perro cualquier locura era esperable. Una vez que estuvo dentro del camión, comenzó a despedazar el cadáver de su hermano con una oxidada barra metálica que encontró entre aquella hedionda basura llena de moscas, cucarachas, y algunos grupos de gusanos que ya habían infectado vísceras, frutas y otros objetos de materia orgánica. Mientras hacía eso, Gato lloraba recordando la alegría con que Perro perseguía los camiones, la ingenuidad de niño que lo llevaba a creerse cualquier tontería, y otros lindos detalles de su difunto hermano…

Finalmente el camión de la basura llegó a su destino, y Gato cayó en una enorme montaña de desperdicios, siendo sepultado por gran parte de la basura que cargaba el camión. Metido en la apestosa montaña, Gato fue ascendiendo hasta la superficie, donde el sol de la mañana golpeó con fuerza sus ojos aún húmedos. Al frente, a unos cuantos metros, Gato vio una grúa en la cual estaba un sujeto que nunca había visto. El hombre miró con odio a Gato, le dijo que sabía lo que había hecho, y que pagaría muy caro su crimen. No tuvo que esperar para saber a qué se refería, pues la grúa se acercó rápidamente, levantó su enorme brazo metálico, y lo hizo caer con gran fuerza sobre su cabeza, haciéndosela papilla… Gato había tenido un breve tiempo para intentar salvarse: quizá se sentía tan culpable que deseaba la muerte, pero no era capaz de dársela él mismo… Después de esto, se ve desde arriba el cadáver de CatDog en la basura, y la imagen se amplia y se amplia, volviéndose más panorámica, como si la visión del espectador fuera la visión del alma de CatDog elevándose por encima de su cuerpo sin vida…

Así terminó supuestamente la serie que hizo reír a tantos niños. Dicen que después el desconsolado creador hizo muchos bocetos de su hijo muerto, mostrando un grado tal de trastorno, que finalmente lo hicieron internar en un centro psiquiátrico de Florida.

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ORIGEN: No se sabe el origen de este creepypasta, pero pertenece a un fenómeno cultural curioso que ha dado lugar a otros creepypastas: a saber, la fantasía común de volver macabra y enfermiza una ficción de carácter inocente. En cuanto al creador de CatDog, es Peter Hannan, y en internet no aparece nada acerca de que haya perdido un hijo o haya sido internado en un centro psiquiátrico…

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